Crítica de J.C. en El País sobre Desde París con amor
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Vale, estamos acostumbrados a ver mierda, hemos aprendido a apreciarla, a disfrutar con ella, podemos regocijarnos con lo más espantoso que el ser humano puede producir, podemos llegar, como decía la contraportada de un tremendo disco de PAL, a asistir a nuestra destrucción con deleite estético, el problema que yo veo es que hay mucha gente que parece olvidar este aprendizaje y ya lo consideran normal y hacen sus discursos a partir de ahí. Con menos rollos y más al grano, ¿en qué punto comenzamos a ver películas cuyo único argumento es encadenar masacres llevadas a cabo por los protagonistas y quedarnos con lo bien metida que está la música, con lo trepidante que es la acción, con las coreografías de los tiroteos y con las referencias a otras películas, o mejor aún, subgéneros, que nuestra cultura cinematográfica nos permite descubrir?, ¿en qué momento defender en voz alta que te gustan estas películas ha pasado a ser guai?
Pues muchos de estos intelectuales, a la par críticos de cine, nos confunden asiduamente y nos hacen tragarnos algunas películas infames. No lo digo por hablar sin trun, lo digo porque he visto Desde París con amor seducido por esta preciosa reseña de J.C. en el País de la que os voy a poner algunos extractos.
“En una secuencia, relativamente temprana, de esta película irresistible y desvergonzada, John Travolta y Jonathan Rhys Meyers -en los respectivos papeles de un experto en trabajos sucios y un chófer de embajada con pluriempleo en los subsuelos de la CIA- suben a la Torre Eiffel en hora de máxima afluencia. Cargan con un espectacular jarrón de porcelana china relleno de cocaína. La circunstancia de estar rodeados de turistas no les inhibe de meter ocasionales zarpazos para el indelicado consumo de la indiscreta sustancia. Desde París con amor es una de esas películas que enervarán a todo espectador que necesite aferrarse a la verosimilitud para entrar en una ficción. El resto tendrá alicientes a granel para pasárselo en grande.
Bueno, esta escena tan magnífica y rompedora no pinta nada en la película. Da igual, no interviene en la historia. Está puesta ahí porque es muy macizo pegarse unos tiritos de coca en el ascensor de la torre Eiffel, rodeados de turistas normales y aburridos, y así lo reconoce el crítico. Además, como claro, uno no quiere ser de esos que se aferran a la verosimilitud, que suena casi a comunista, y tiene ganas de ver este film y pasárselo en grande y enganchar con lo último que se cuece en el cine de acción.
La crítica prosigue con un análisis de la trayectoria de Luc Besson, productor de la película y luego nos dice:
“La secuencia de créditos de Desde París con amor podría ser, en cierto sentido, toda una declaración de principios estética: esta historia arranca cuando lo que, tiempo atrás, fue voluntad de estilo ha degenerado en metralla expresiva… sin que el proceso de erosión afecte a la fundamental satisfacción de los bajos instintos del espectador, a través de la violencia grotesca y de un humor que salta sobre los códigos de la camaradería viril para zambullirse, directamente, en lo gañán, en una sensibilidad cafre que espantaría a un hooligan. Junto a las sucesivas entregas de la serie Transporter (2002, 2005 y 2008) … esta película merece ser considerada una de las joyas de la corona en el catálogo Besson de placeres (no necesariamente) culpables.”
La voluntad de estilo ha degenerado en metralla expresiva, tengo que reconocer que no sé de lo que me habla y quizás de esta confusión venga mi error al valorar esta crítica. Bueno, siguiendo, queda claro que los espectadores tenemos unos bajos instintos que requieren una fundamental satisfacción y que esta película se va a encargar de ello. No viene mal recordar aquí que, sin exagerar, la mitad del metraje de la película son escenas en las que Travolta procede a aniquilar a diferentes etnias minoritarias urbanas (aproximadamente un 10% de estas muertes se podrían considerar asesinatos a sangre fría y ninguna de ellas, frías o no, es de blancos) mientras su compañero, en principio reacio a estas actividades un tanto brutas, va descubriendo la profunda inteligencia que se oculta tras las acciones en apariencia salvajes de su compañero y todo ello con moderna música del Boom II de la Ruta del Bacalao y salpicado con brotes primaverales de humor gañan.
“John Travolta, que disfruta cada segundo de su reformulación en bestia parda, inyecta una buena sobredosis de carisma a esta historia cuyo título acaba siendo menos irónico de lo que parece: una improbable trama contrarreloj en la que el aparente acoso al narcotráfico acaba cediendo su lugar al pulso con el terrorismo islámico. De lejos, cualquiera podría tomar la película de Morel por un thriller de acción made in Hollywood del montón: de cerca, la incorrección política, el trazo de aguafuerte, un sentido del humor bestia y sangriento y la dosificación de contundentes -incluso brutales- golpes de efecto marcan la diferencia y no dejan lugar a dudas. Aquí Europa no está emulando lo peor de Hollywood: lo está corrompiendo.”
Joder, lo mejor para el final. Ya lo de la trama tiene su aquel, lo del giro con los terroristas islámicos, auténtico cagarro ello, pero como el objetivo de la película no es contar una historia interesante se le puede perdonar. Sin duda, me quedo con lo de la incorrección política – me gustaría que explicase J.C. en qué consiste esta incorrección, que él tanto valora, porque obvia no es -, sentido del humor bestia y sangriento – de esto creo que no se puede hablar en poco tiempo y ya me estoy pasando de hora- y, sobre todo, el que esta película no emula lo peor de Hollywood sino que lo está corrompiendo. Corromper lo peor, ¿A dónde nos lleva? ¿A lo mejor? ¿Usando sus mismas armas transformamos lo peor y esa corrupción es algo de lo que regocijarse? Y aquí es donde, completando magistralmente el círculo, recordamos lo de asistir a nuestra destrucción con deleite estético y dan ganas de gritar a los cuatro vientos lo CAGARRO que es este nihilismo de salón.
Pd: por supuesto no vamos a hablar del papel de las mujeres (la mujer) en la trama porque eso es demasiado aburrido para estos tiempos de paridad y tampoco es tan distinto a lo habitual.
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Gracias por ahorrarnos semejante cagarro! Eso sí, vaya valor el tuyo y el del crítico… un gran buuuuhhh para él.
Ayer estuve viendo “Océanos” = Molón…